domingo, 1 de abril de 2012

Doña Elvira, cocina de antaño

Del restaurante Doña Elvira sólo conocía sobre sus largas filas para entrar y un comentario de alguien que me dijo que era costoso. Quise salir de dudas. Por fín fuí la semana pasada. No había filas porque llovía en Bogotá y eso al perecer espanta a los comensales. Si bien sus platos en su gran mayoría son hechos con los cortes de carnes menos usados por los chefs y son platos caseros al estilo de las abuelas, usan los mejores productos y la sazón es notable. Lean, notable. Probé la morcilla hecha con el pescuezo de la gallina. Inolvidable. Hay morcillas en muchos países y en muchos restaurantes pero la de Doña Elvira es la mejor en mi vida hasta ahora. Luego llegó a la mesa el plato principal -el servicio es de primera clase- las chocozuelas. O las rodillas del animal. Con alverjas y guiso criollo típico bogotano. Un plato sofisticado a pesar de la sencillez de las piezas originales. Por primera vez probé los famosos huesos de marrano que tanto ví en cartelones y publicidad, pero no me gustaron. No me pareció especial el plato, pero sí estaba bueno al paladar, gustoso, en sus propios jugos. Es cuestión de gusto. Queda en la calle 50 con carrera 20, cerca a la Iglesia de Santa Marta, vecino al Alfonso López, el barrio más barrio de Bogotá. Con sus famas -carnicerías-, pollerías, supermercados de frutas y verduras, panaderías y trabajadores de toda clase de oficios. También venden en este clásico barrio capitalino los tamales más famosos, pero no estoy segura si son los mejores. Sobre la calle 48 o 49.
Sobre el restaurante Doña Elvira les tengo una buena noticia: tiene buenos precios porque tiene dos tamaños en los platos. Los pequeños son suficientes para una persona. Una cocina con platos modestos pero servidos con el rigor de la buena mesa. La sobrebarriga tampoco la dejen de pedir. Chao. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario