A Leo Espinosa la conozco antes de hacerse chef y mucho antes de ser una de las mejores cocineras del mundo. Su comida es igual a ella. En La Leo, ella está en esos colores, formas y sabores perfectos. Sus amigos la definimos simplemente como una “bacana”, una característica desconocida en su cocina y en sus mesas. Leo cuando trabaja es una divina neurótica que busca la perfección, es decir, que la realidad se parezca bastante a su imaginación.
Leo Espinosa es administradora, sabe de mercadeo, sabe de ventas, sabe de la vida, sabe a que sabe la soledad, el triunfo y el fracaso, viene cabalgando junto a los molinos de viendo, a veces en contra, a veces a favor.
Su nuevo lugar, La Leo, es sofisticado y a la vez cercano, como ella. En sus platos nuevos hay productos y memoria gastronómica colombiana pero no es “cocina nacional”, aunque al final lo sea. Hay achiras, orejas de perro o reducciones de chontaduros, sin embargo, eso es lo de menos. Lo grande está en el resultado, cuando después de contemplar por minutos la exigente estética de cómo presenta sus creaciones plásticas-comestibles, no quisieras que la memoria luego te traicione y los termines olvidándolos, entonces te esfuerzas, haces ejercicios para guardarlos, para detener el sabor eternamente.
Confieso ante usted mi amigo lector desconocido, quizás, quizás, a usted no le pase lo mismo. Nací igual que ella en el caribe, por lo tanto, su comida me manda directo a lo mejor de nuestra infancia, a las casas del centro de Cartagena, a las cocinas de nuestros vecinos turcos o las cocinas hirvientes de las fincas de los abuelos o tíos en las sabanas de Sucre. O tampoco está en eso, simplemente como me gusta tanto, trato inútilmente de encontrar explicaciones, donde no las hay.
Como en todo restaurante exigente en La Leo hay cordero, langosta o carne de res pero ella busca de una manera simple, sorprender el paladar de sus comensales. Lo logra. ¿La sofisticación es ser elemental? Quien sabe. Lo que sí supe esa noche inolvidable con amigos en La Leo, si tiene desafíos frente a la comida, frente a buscarle justificación a la existencia, un motivo para no suicidarse mañana, téngalo como un pendiente, en todo caso, no haga nada trascendental, sin antes de ir a La Leo.
Esperamos la apertura de Mercado, su nuevo lugar en el Parque de la 93.
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